jueves, junio 16, 2005

Chucho, se acabó la gasolina.



Cuando Fernando Alfaro, saturado, agobiado y cansado de las ceremonias post-mortem de Surfin´ Bichos, volvió a la gasolinera de Alcadozo, en realidad buscaba un respiro para poder asimilar, con todo el tiempo del mundo a su favor, su reencuentro con el caprichoso y aleatorio mundo del pop, que le acababa de otorgar poco menos que el papel de apóstol de los independientes, en consonancia con las letanías bíblicas que el propio Alfaro lanzaba desde los micrófonos de los Bichos.


Tiempos apacibles para Fernando, aquellos del petróleo, que recuperó sus cinco sentidos para, poco después, iniciar otro nuevo evangelio. Nadie mejor que Juan Carlos Rodríguez como nuevo compañero de viaje. Si he de decir la verdad, nunca creí que aquella unión de sotanillo pudiera llegar a más de una aparición esporádica para/entre amigos. Mucho talento reunido, profusa erudición musical, pero tendencias prácticamente opuestas. Me equivoqué. Afortunadamente me equivoqué. Que poco después llegara al dúo Javi Fernández, de la escuela Rodríguez, y más tarde Miguel Gascón, alumno aventajado de Surfin´ en la banda Crème Brûlée o Emilio Abengoza, otro diamante albaceteño por pulir, no significaba nada más que Fernando y Juan Carlos se habían tomado en serio sus disquisiciones filosóficas-musicales y una nueva banda de pop sorprendería a los que, sentados en los tugurios oían ya a Mercromina, suspirando por la vuelta del cordero pascual.Chucho se llamaría el proyecto. Jesucristo en la jerga mexicana. Yo creo que el nombre vino más por la devoción de Fernando a los animales de cuatro patas, casi racionales del todo, que a la propia épica evangélica.


Y Chucho comenzó su ceremonia de la confusión: ahora son Fernando Alfaro en estado puro, o sea, el hermano carnal; ahora son The Clash disparando Spanish Bombs. Mañana pueden ser Pete Townsend, Sonic Youth...Tom Waits, Nick Cave...todo en castellano y escrito desde la vieja gasolinera de Alcadozo: The Petrol Diaries.Llegaron los discos, cuatro y pico, las críticas extraordinarias que solo proporcionaron conciertos puntuales para gente muy concienciada, la colaboración con Alejandro Amenábar en Abre los Ojos, el reconocimiento erudito de estar ante una banda de culto, otra más; pero nunca el bienestar económico para desde ahí, elaborar, desde atalayas más cómodas, todo el arsenal de ideas que semejante quinteto pudiera crear.


Chucho ha durado nueve años, más de lo que uno pudiera pensar, dadas las características de sus integrantes. Otra teoría: Chucho es Fernando Alfaro y sus circunstancias, estados de ánimo e inspiraciones; los demás integrantes, a sabiendas de la personalidad del fundador, han estado a la espera de sus reacciones. Estas pueden ir desde sus conciertos básicos minimalistas hasta la aparición en algún encuentro de cerebros. Todo muy loable, pero formidablemente complicado. Además está el tiempo, que discurre inexorable y desgasta. Ahora Chucho se despiden; joder, dos significativas despedidas en una semana: los caprichos de la casuística... ¿que nadie dispare las alarmas Surfin´!.

Ha estado bien, porque estos años han hecho una gran campaña. Puede estar mejor porque quizá vuelva Fernando Alfaro a sus raíces, con el cuaderno de la gasolina gastado y emitiendo efluvios petroleros, pero con una nueva libreta, flamante y atropellada ya de versos, seguro.


Bien, porque cuatro grandes músicos andan sueltos y son capaces de todo, incluso de compartir nueve años de carreteras experiencias con un personaje al que la cultura pop nacional de los últimos 20 años debe rendir justicia y pleitesía cuanto antes.


JUAN ÁNGEL FERNÁNDEZ
La Verdad de Albacete.

2 Comments:

At 8:21 PM, Anonymous dijo...

El perro murió... pero a lo grande... en estos momentos tan solo podemos decir gracias por formar parte de la banda sonora de nuestras vidas...

los discos siguen ahi, latiendo callados y aun, hacen su trabajo de demolición...

 
At 7:08 PM, Anonymous dijo...

Chucho
La Caseta de los Jardinillos (Albacete)
11/06/2005
Redactor: Gabriel Chillerón

muzikalia.com
Dos horas y media. Treina y cuatro canciones. Cuatro bises. Las cifras pueden hablar por sí solas pero no te hacen llegar la emoción del momento, así que mejor lo cuento con palabras.

Alrededor de la una y media de la madrugada salen Alfaro y sus músicos al escenario. Saludan. El público, entregado desde el principio. Se oyen gritos: “Chuuuucho”, “Perroooo”, “Fernando no te mueras nunca”. Él va elegante, con camiseta granate, pantalón negro, zapatos blancos y esa barba que denota la dejadez en la que lleva viviendo estos últimos meses. Juan Carlos y Miguel Ángel con chaqueta y Emilio y Javier más informales.

Empieza el concierto: “Hoy vengo a hablaros de aire…” Del “78” al 2004, del transplante de felicidad hasta el Abismo. Durante hora y cuarto repasan temas de toda su discografía. Un par de fallos de sonido (el bajo se comía la voz y las guitarras, un ampli mal ajustado pone de los nervios a Fernando) desvirtúan un poco el comienzo, pero transcurridas unas cuantas canciones se soluciona y el grupo va ganando en solidez y confianza. Cada aparición de Is, tan guapa como siempre, pone el toque de glamour y calidez que tan bien les sienta a las canciones. Una tralla con “Cirujano Patafísico”, “El secreto de la ciencia”, “Túnel de lavado” y “Gran Angular” da paso a unos momentos de más calma, cuando tocan “La religión”, “Mare Nostrum” (increíbles los coros en directo en esta canción), “Mi padre”, “Esos vinos de reserva” y alguna más. Va subiendo de tono con “Que condenadamente negra” y “Una f-foto tuya”, para finalizar esta primera tanda con tres de las páginas más intensas de Diarios del petróleo: “Abre todas las ventanas”, “Ricardo Ardiendo” y “Visión Rayos X”. El sonido a estas alturas era impecable y la entrega de la banda total. La sensación era que sólo les faltaba rematar con cinco o seis temas bandera e irse con los deberes bien hechos.

Salen. Suena “Mi anestesia”, inesperada. Empiezan a caer cuatro gotas y cuando está acabando la canción la lluvia se hace más intensa. Pensamos que van a parar. Fernando hace gestos hacia el cielo y hacia sus compañeros. Pero más que pedir que pare, parece pedir que llueva más. ¿Qué le pasa? Siguen tocando: “Lluuuuuvia, abrázameee … y hazme fuerte….Lluuuvia, bendícemeee… y hazme fuerte”. El cielo se alía con la despedida, cae un chaparrón mientras tocan “Aguacero al infinito”. Momentazo, la emoción por las nubes: “cero igual a infiniiiiito, repite conmigo, muerte igual a infiniiiito”. Acaba la canción. Para de llover. Más sorpresas. Siguen sin tocar lo que esperábamos. “Sal”, “Y rompe la tormenta”… y definitivamente estaba claro que no se iban a ir sin satisfacer a los más exigentes. Presentan las canciones más crudas de “Tejido de Felicidad” como si de la gira Triple Zero se tratase: “Erección del alma”, “Mi vida con fiebre” y “Alicia rompecuellos” recrudecen el sonido y ponen a todos a saltar y corear sus estribillos. Momento para relajar un poco y dar un giro estilístico.

Turno de las composiciones con más arreglos. Las que hacen de Chucho un grupo único. Un grupo irrepetible. Las que pasaran a la historia de las vidas de los que seguimos con devoción al grupo. “El mundo en un segundo” con su Ángel Exterminador dan paso a “Un Ángel Turbio”. Y después la “Revolución”. Nunca sonó tan bien. Nunca tanta gente la había bailado y cantando con tanta intensidad: “Que alguien me diiigaa, si esto es amoooor, lo que me agarra el estómago..” Era la última vez que sonaría en directo y había que disfrutarla. Ahora la banda se estaba gustando, sabían que es una de las favoritas. “Algo me griiitaaa si oigo su voz y la sangre en revolución!!” En ese momento todos fuimos felices. Otro clásico, “El detonador EMX-3”, para servir de transición a la magia hecha canción, la esperanza puesta en cuatro frases: “Magic”. Imposible describir el momento. Sólo podía disfrutar de cada segundo de la canción. Acaba. Las lágrimas corren por las caras de algunos fans. La mayoría pensamos que ese era el punto final perfecto para la noche. Pero no. Hoy no podía quedar nada en la recámara. Hoy es EL DIA. Regresan.

Y regresan también a sus inicios. Al perro, al hueso, al ladrido, al sonido sucio, guitarrero, crudo, hiriente. Lo que se convirtió en algo habitual en sus últimos conciertos. “La mente del monstruo” y “Medio-perro” seguida sin descanso de “Perruzo”: “Y ahoooraa siempre están, cerca de mi… Soy un chucho” (Gabi ya se pierde dando botes entre la multitud) “un perruuuzo, tengo sed y hambre, tengo sed, tengo ganas de meteeerrrr”. Y aún quedaban dos trallazos más. Dos guiños al pasado. El primero, sin descanso, “Esto es mi sangre”. Intensa. Obscena. Ruidosa. Fernando se despide dando las gracias a todos y deseando volver a vernos pronto.

Si volvían a salir ya sabíamos cuál sonaría. Una canción que define el sonido y espíritu del chucho. Una canción que puso el punto final a tantos conciertos. Una canción que se puede hacer tan intensa como el momento lo requiera. Y esta vez la intensidad era máxima. Sí, ahí estaban de nuevo. Sí, se oyeron los primeros acordes de “Inés Groizard”. Gritos. Brazos en alto. La alargaron como si no quisieran que se acabase nunca o quizá fuese yo el que quiso eternizarla. Pasan unos minutos de las cuatro de la madrugada y Chucho nunca volverán a subirse a un escenario. Pero sus discos estarán ahí, haciendo su trabajo de demolición. Chucho se fueron como se merecían, por todo lo alto, y nosotros tuvimos nuestro gran concierto de despedida. Gracias Fernando por tu magia, tus ladridos, tu universo y, sobre todo, por recordarnos que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir.

 

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