viernes, abril 09, 2004

La Luna | Suplemento de El Mundo

Is & Chucho, los reyes caóticos del indie Español
DAVID SAAVEDRA. FOTO DE ALICIA AGUILERA
Viernes 9 de abril de 2004 , número 264
La Luna | Suplemento de El Mundo


Istochnikov y La mente del monstruo
ya están a la venta


ISABEL Y FERNANDO. Tanto al frente de Surfin’ Bichos como de Chucho, Fernando Alfaro se ha convertido en una de las figuras claves del pop independiente español de los últimos 15 años. Tras su extensísimo trabajo de hace tres años, Los diarios de petróleo, el de Albacete vuelve a la actualidad más prolífico que nunca. Además de su nuevo álbum, que verá la luz en mayo, juega con la idea de ofrecer conciertos acústicos en solitario o con Nacho Vegas, como sucederá en el Primavera Sound («Me encanta el formato y la libertad de hacerlo con una guitarra y una maleta»), y ha oficiado como productor, músico y co-compositor en Istochnikov, el disco de debut de su pareja, Isabel León, presentada artísticamente como Is.

Ella fue teclista y corista en las dos bandas de Alfaro –«Aunque siempre de modo accesorio», reconoce– y, tras darle vueltas a la idea durante varios años, se ha atrevido por fin a grabar sus canciones, contando con la inestimable ayuda de una banda fija que es una especie de Albacete All Stars (Carlos Cuevas y José Manuel Mora, de Mercromina, y Javi Fernández Milla y Emilio Abegonza, de Chucho). Para el título del disco se inspiraron, por cierto, en un cosmonauta ruso que se inventó el fotógrafo Joan Fontcuberta. «La primera noticia que tuvimos de él nos la creímos –explica Alfaro–.

La leí en no se qué periódico como un suceso real. Luego hemos seguido la pista de este fotógrafo, que es muy aficionado a este tipo de cosas. Lo curioso es que descubrimos todo el montaje mucho tiempo después de hacer la canción, pero el que, al final, viéramos que su historia, la de un astronauta perdido en el espacio cuya huella en el mundo se encargan de borrar, era ficción, se adaptaba bastante bien al hecho de sacar un disco. Al fin y al cabo, cuando haces canciones también estás inventando».

De ellas, Isabel ha compuesto siete y Fernando, seis. Las cuatro restantes están escritas a medias, a veces con métodos algo curiosos. «En El abrazo del boxeador, por ejemplo, los versos impares son míos y los pares, suyos», revela él. La vida compartida, personal y artística, apuntaría en principio a un trasvase de influencias entre ambos. En el turno de aclaraciones, Isabel alude a las referencias exteriores comunes («Llevamos oyendo la misma música desde hace muchos años»).

Según Fernando, «ella también ha estado en mis grupos y era más importante de lo que piensa, así que es lógico que su lenguaje musical sea también el nuestro. De todas formas, como productor le he dado la vuelta a muchas canciones e incluso en las firmadas por separado hay más del otro de lo que la composición indicaría». Puesto a desandar lo andado, él reconoce que se ha metido en la piel de su chica cuando escribía para ella («Hay un tono diferente al de mis canciones de siempre») y que eso ha enriquecido muy positivamente su experiencia como compositor. Y también que otras voces redundan en un resultado final más sabroso, como sucede en Pimpinela Punk, un dueto entre Is y J, de Los Planetas, encarnando a dos amantes en diálogo.

«Compuse esta canción pensando en una relación de pareja como millones de ellas y pensé en J como un director piensa en un actor para interpretar un personaje porque le parece el más adecuado». También Nacho Vegas hace su cameo vocal en el álbum. Quizás como reacción, Alfaro explica que, en el nuevo disco de Chucho, «no hay ninguna colaboración externa, excepto unos coros de Manolo, de Astrud. Por su concepto, mola que Isabel no esté ahí. Quería hacer algo más arriesgado y difícil, pese a que nuestras voces, por timbre, empastan muy bien. En el EP de adelanto –La mente del monstruo, ya editado– predomina el garage punk, pero el álbum es más radical por cómo suenan unas canciones respecto de otras.

El tipo de producción y las mezclas son más retorcidas, muy crudas». Su título, por cierto, será Koniec, final en polaco. Es un pequeño juego, ya que en el disco se habla de finales o gira en torno a la idea de un final personal. También es la palabra que aparecía en los dibujos animados polacos que veía de pequeño». ¿Y qué ha sido de la gasolinera, inspiración para bautizar su anterior larga duración y antiguo lugar de trabajo de Alfaro? «Hace meses que lo he dejado, pero no descarto volver.

Allí saco mucho tiempo que en casa no tengo para escribir, programar y ese tipo de cosas. También me ayuda a encontrar una especie de disciplina y es un sueldo fijo, porque el mundo de la música... No me puedo permitir el lujo de que mis ingresos sean, también, intermitentes. Las fases en las que he estado más alejado de la música me han ayudado a cargar las pilas». Pese a ser un aspecto conocido que ya forma parte de su leyenda, Fernando insiste en que nunca se han acercado fans a curiosear «porque nadie sabe dónde está. Alguno ha pasado por casualidad y me ha dicho “tú eres tal”, pero nadie ha ido a propósito».

Padres de dos niñas de cinco y cuatro años, la pareja se define como caótica, «aunque necesitamos mantener cierta rutina por nuestras hijas, llevarlas al colegio y todo eso. Uno de los temas de Is, Amor, caos y cosas así, se refiere a que queríamos hacer un cartel para la entrada de nuestra casa como los que dicen Dios bendiga a todos».

viernes, abril 02, 2004

VIDA DE ESTE CHUCHO | Mondosonoro.com

Tras la sobre exposición afectiva y emocional de “Los diarios de petróleo”, los apéndices que lo completaban y las giras que le llevaron por todo el país se imponía un período de enclaustramiento y recapitulación para Fernando Alfaro, Chucho. Tras una hibernación que no ha sido tal gracias al trabajo en sus propios temas y en los del proyecto a medias con su compañera Isabel León, Alfaro vuelve a dejarse ver para dar los últimos toques a su cuarto álbum. Allí estuvimos.

Martes, 9 de marzo



Me siento afortunado mientras el vetusto ascensor de una regia finca del ensanche modernista barcelonés me lleva hasta el ático, hasta los Estudios donde Fernando Alfaro y Javier Fernández (batería) mezclan los temas de “Koniec” (Sinnamon, 2004), el que ha de ser cuarto disco de Chucho y el primero que el albaceteño y sus compañeros planchan para el sello Sinnamon. Pocas veces tiene uno la oportunidad de compartir con un artista parte de su proceso creativo y, aunque en este caso tan sólo vamos a poder asistir a un par de sesiones de mezcla del nuevo disco, más por imposibilidad de quien esto escribe que por falta de voluntad de Alfaro, siento un ligero cosquilleo al ser de los primeros en poder escuchar las nuevas canciones de uno de los artistas más personales y justamente respetados de la escena nacional. "El lenguaje religioso debe ser sincero y capaz de unir íntimamente a las personas "
Asisto al final de la mezcla de “Y minera”, una nana acústica (el sonido de las mandolinas es medido y analizado hasta el más minúsculo detalle) en la que Chucho recrea una conversación mantenida mientras arropaba a una de sus hijas. “Las canciones nunca son totalmente autobiográficas, pero en el momento en que cuentas, te estás contando a ti mismo, porque todo narrador debe sentirse conmovido por lo que está diciendo –si esta frase no es de Chejov, merecería serlo–. Después surge un cierto deseo de distanciamiento, de interponer personajes, pero en el fondo todo son historias personales”. Precisamente fue esa exhibición casi morbosa fue lo que hizo de “Los diarios de petróleo” (Chewaka/Virgin, 01) y de sus fragmentos complementarios uno de los hitos de la independencia estatal. Aciertos que se suman a una carrera a la que no le ha faltado el calor del público. “Supongo que lo que siempre ha llamado la atención de mi música es la sinceridad que me ha gustado reflejar. Eso es algo difícil de encontrar estos días (leve sonrisa), pero es que en mi caso esa absoluta falta de pudor es casi el motor de la historia. Gran parte de nuestro... éxito –suelta la palabreja con una mueca de humildad– se debe a que se está hablando de algo real”. Ese reflejo de la realidad se ve potenciado por las crudas imágenes que a Alfaro le gusta dibujar, muchas de ellas extraídas del imaginario religioso. “Analizando un poco a posteriori diría que el lenguaje religioso debe ser sincero y capaz de unir íntimamente a las personas... algo en lo que las religiones actuales fallan bastante, la verdad. Diría que nos hemos subrogado en su lugar”. "Aunque exista el tópico de que el inglés sea perfecto para el rock a mi me gusta mucho el castellano"
Pero Fernando Alfaro está en Barcelona para finalizar las mezclas del que será el sucesor de aquel “Los diarios de petróleo”. Como aperitivo, el Ep “La mente del monstruo” (Sinnamon, 2004) avanza uno de los temas más sangrantes de “Koniec”. “Es la palabra checa o polaca que salía al final de unos dibujos animados que veía cuando era pequeño”. La capacidad evocadora de ese nombre para toda una generación es algo que merece explicación. “Me quedaba helado porque, aparte de que se acababan los dibujos, no sabía lo que ´koniec´ podía significar, era un misterio. Pero no se trata del final de nada, no es eso lo que he querido reflejar en este disco”. La aclaración viene a cuento tras mi insistencia en saber si “Los diarios…” eran un final de etapa, un ajuste de cuentas con el pasado. “No, aunque ahora mismo no trabajo en la gasolinera. Es de mi familia y tengo la suerte de poder dejarla y retomarla a mi conveniencia. Me es muy útil para componer porque me paso allí muchas horas solo pensando, pero he querido estar involucrado al cien por cien en el desarrollo de este disco. Lo hemos grabado en Albacete, salvo las voces y un coro de Manolo de Astrud que se han grabado aquí, en Barcelona”.

Martes, 16 de marzo

Mi segunda visita al estudio se produce justo después de que Fernando Ramírez, fotógrafo de esta casa, protagonizara lo que podía haber sido algo más que una anécdota -que acabó en denuncia- al dejar olvidada una mochila con su material y producir la lógica alarma de los responsables de seguridad del edificio (agudizada por los terribles hechos de Madrid). Sin relación con lo anterior, al otro Fernando, al Alfaro, se le nota mucho más nervioso. No sé si son las ganas de volver a ver a sus hijas o la premura de tiempo (apenas queda una semana de estudio y aún faltan la mitad de las canciones por mezclar), pero no deja de levantarse, agitarse y rascarse mientras conversamos largamente en una de las salas de descanso. Pese a los nervios, Alfaro me explica, con profusión de detalles y tarareos, cada una de las canciones que forman las sesiones de “Koniec” dando lugar a un diálogo en el que las cuestiones musicales, literarias y filosóficas se mezclan sin ningún tipo de cortapisa. Aunque la selección y el orden aún no son definitivos, cuando el disco salga al mercado a finales de mayo debería parecerse mucho a esto:

“Capitán en altamar”

“Me encanta el inicio porque es como el primer disco de The Clash (tararea). Cuando entra la voz se expande y suena más como un tema de The Who en los setenta. Habla de cuando conoces a alguien nuevo y tienes deseos de conocer de golpe todos sus entresijos, de hacer un nuevo amigo de verdad... Cosa que yo he conseguido gracias a la música. Soy bastante tímido y antes de la música tenía problemas para entablar relación con la gente. También hay un pequeño guiño a The Magnetic Fields”.

“Túnel de lavado”

“Aquí Chucho le habla a Fernando Alfaro como lo hacen los viejos: ´no vas a cambiar nunca, no tienes arreglo´. Como en “La religión” el protagonista ha perdido el control de la situación, como cuando entras en un túnel de lavado: ya sólo puedes ir hacia donde te lleva la máquina (risas). Pero también es algo irónico, porque el túnel del amor se convierte en el túnel del miedo. También es una epifanía. Trata de esas ocasiones en las que pese a estar a punto de perder el control, te das cuenta de que ni siquiera eres capaz de perderlo totalmente: como esas personas que creen que no son inteligentes, y sólo por interrogarse sobre ello ya demuestran mucha inteligencia. Musicalmente, me recuerda a “London Calling”, aunque la secuencia de acordes es muy clásica, parecida a la de ese hit de la disco music que es “I Love The Nightlife” de Alicia Bridges”.

“Esos vinos de reserva”

“Empieza como The Byrds, pero con la voz cambia hacia un Elvis Costello de los primeros discos con un sonido muy natural, con piano. Muy nítida. Es como un relato con textos en primera persona en el que el final es fundamental para redondear la historia”.

“Koniec”

“Es como quiere ser este disco: transparente, sin giros. Explico el significado que para mí tiene esa palabra directamente, sin dejar relucir otros posibles sentidos, lo que no significa que no los haya. Intento rememorar esa sensación que tenía de pequeño cuando esa intrigante palabra aparecía en el televisor: la desorientación que produce la vida a todo el que pasa por ella, algo que no nos abandona nunca”.

“Sé”

“Es bastante directa, con un cierto punto brasileño, sobre todo en las estrofas ya que el estribillo es mucho más sixtie. Este es uno de los casos más claros en los que la letra cambia totalmente al ser escuchada dentro de la canción ya que tiene un punto de cinismo reforzado por la melodía y por la interpretación. También tiene mis típicos juegos fonéticos: polizón, cabellos, corazón, cuello... que le dan un sonido latino como de gran canción”.

“Gran angular”

“Es de las más crípticas, no tan narrativa. Habla del asombro que siento ante una mujer. Hay dos partes muy claras, en una me dirijo a ella y después al oyente. Lo de ´gran angular´ se refiere a ver más allá. Hay una corriente en psicología llamada ‘pensamiento lateral’ que propugna no sólo ver lo que aparece delante, sino más allá. Y luego, lo de ´gran angular en el corazón´ se refiere a tener una gran capacidad de amar, algo que las sociedades pacatas no ven demasiado bien, pero que yo encuentro interesante. Musicalmente, es un poco The Who, con esos coros y esa guitarra a lo Pete Townsend. Un poco Kinks, también. Y con un patrón rítmico muy primitivo y un final muy ´lourrediano´ (risas) lo que va bien con el resto de la canción”.

“Y minera”

“Una especie de nana con un diálogo entre padre e hija. Es una historia real en la que sólo hay que cambiar el término ´mina´ por ´gasolinera´: “Quiero ser minera / quiero ser mayor y no ir a la escuela / irme contigo a la mina todo el día” –casi se le cae la baba–. Es un tres por cuatro con la particularidad de que el sonido cambia, se vuelve más intimo, en la parte del diálogo”.

“Pop de anuncio de móviles”

“Ironizo sobre esa gente que parece escribir para salir en los anuncios, sobre todo en el mundo independiente –lo dice con una sonrisa pelín maliciosa–. En esta canción me siento con ganas de ser malo, de herir y además tiene algunos momentos algo psicodélicos, marcianos. Son dos historias diferentes sobre el uso de los móviles. En la primera una mujer muere al conducir mientras habla con el móvil. Y la segunda me pasó realmente: alguien me llamó sin darse cuenta y estuve un rato escuchando su vida. Tenía la tele puesta. ¡Qué soledad, los dos ahí sin nadie con quien hablar! Musicalmente es más clásica, casi feliz, con cierto sentido del humor, pero sin llegar a la farsa o la parodia”.

“La mente del monstruo”

“Es como un trasunto de esa canción infantil tan cruel que dice: ´tú no tienes nada / tengo tres ovejas en una cabaña´. Siempre pensaba: ´qué canción tan cabrona´. Es totalmente trasparente porque me parece algo demasiado fuerte para andar con figuras retóricas. Habla de la moral neocapitalista que nos intentan inculcar: sólo puedes enfrentarte al paso del tiempo acumulando riqueza. Contiene un referencia a los diarios de Tolstoi que leí el año pasado, en concreto a la frase que Javier Aramburu destaca en el single”.

“Te exprimiré hasta la tumba”

“Es una declaración de aviesas intenciones con sonoridades sixties aunque la música es más punk rock año 1978. Esa siempre será una raíz muy importante para mí. De todos esos grupos nuevos, me gustan canciones, pero algunos grupos me parecen simple revival. Me gustan canciones de Yeah Yeah Yeahs, de The Strokes... no mucho más. En esta canción hay muchos cambios de tonalidad bastante bestias y una coda final más melancólica, envolvente, un poco triste. Metafóricamente habla de las adicciones... a las drogas o a las personas (risas)”.

“No me importa (carta bomba)”

“Es un blues muy oscuro con algo de Nick Cave, como en “Anestesia”. Va adquiriendo tensión gracias a la progresión de los acordes, aunque en el fondo es una canción de amor, si es que eso existe. Es una canción para el hijo de puta que todos llevamos dentro, aunque lo que subyace es lo contrario de lo que se dice”.

“Qué condenadamente negra”

“Aunque exista el tópico de que el inglés sea perfecto para el rock a mí me gusta mucho el castellano. Hay unos sonidos increíbles, pero es más difícil rimar porque las palabras son más largas. Me gusta repetir el sonido de las consonantes y en esta canción hay un montón de ´enes´ y ´des´ un poco como en “Suavemente va cayendo el río” del segundo fragmento. Es una canción de dependencia, por no llamarlo amor. Me recuerda un poco a Johnny Cash y tiene una parte instrumental muy intensa, muy dramática que me gusta mucho. Además, Joe (Robinson) ha entendido muy bien lo que quería. Me gusta que los técnicos también entiendan lo que queremos decir, así que me esfuerzo en traducir los textos para que Joe y su ayudante (Alex Priestley) los entiendan”.

“La religión”

“Entra con una guitarra muy grave y tiene una parte intermedia casi Sonic Youth, pero sólo con una guitarra, bajo y batería, aunque el cuerpo principal, armónicamente, es como una bossanova. Lo que pretendíamos era no darle un ritmo de bossa como sí que hicimos con “Suavemente va cayendo el río” o “Un agujero excéntrico”. Aunque esos temas tampoco se ajustan al canon para este disco queríamos otra cosa, ser más radicales en cada canción, ese punto salvaje de la nueva ola, de “Ghost Town” (The Specials). De hecho, antes de tener letra la llamaba “New Wave Bossa””.


Autor: Half Nelson
Fotografia: Fernando Ramírez
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